Mi madre me tuvo con 21 años (1950) Ella vivía con su abuela. Un día mi madre llegó tarde a casa y la abuela le cerró la puerta, mi madre no se quedó esperando a que le abrieran, se fue a dar un paseo por Valencia y un señor la invito a cenar, le dijo cosas bonitas, se la llevo a la cama, le dio dinero y así fue como conoció a mi padre, Ezequiel, no recuerdo el apellido, solo se que era secretario de un juez de Valencia. La hizo un carnet de identidad falso, pues entonces la mayoría de edad era a los 21.
Mi madre comenzó a prostituirse. Continúo viéndose con él, era un hombre casado y con hijos, así que tengo más hermanos, una joyita.
Mi madre, como yo, era de Valencia, de la calle Ruaga número 8, la misma donde nació Concha Piquer, en el barrio de Sagunto.
FOTOS DEL BARRIO Y DE LA CALLE
Mis abuelos murieron cuando mi madre tenía nueve años. Mi abuelo fue fusilado por rojo y mi abuela murió anteriormente de un parto doble. Fue mi bisabuela quien cuido de todos mis tíos y de sus bisnietos también.
Cuando yo vivía con mi bisabuela, mi madre vivía en Alicante en un chalet con otras mujeres, todas se dedicaban a lo mismo y allí iban los clientes. La dueña se llamaba Rebeca; luego se volvió super religiosa y dejó todos sus dineros a los curas.
FOTOS DE LA MADRE Y COMPAÑERAS
Parece mentira que una nena de tres o cuatro años guarde todos esos recuerdos, pero todo se queda grabado cuando no eres feliz. Sin padre, con una señora guapa que venía de vez en cuando para verme, traerme vestidos, juguetes... Se quedaba dos días y hasta la próxima.
Esa era mi mamá, me cogía y me sentaba en sus piernas y yo, como un gatito, de puro gusto me meaba encima de ella.
En la casa de mi bisabuela vivíamos diez persones en cincuenta metros cuadrados, no baño, no agua corriente, nada de lo básico para vivir. Los cinco primos, dormíamos en colchonetas en el suelo. A veces uno de mis tíos me decía “Cuty – así me llamaba mi familia – ven adormir la siesta” y el hijo de puta aprovechaba la siesta para tocarme. Luego me entere que también abusaba de mi madre.
Cuando éramos nenes yo no sabía lo que hacía. Años más tarde me di cuenta; era una nena y pensaba que eran caricias. Comíamos mal y si te dabas la vuelta te quedabas sin huevo. Mi primo Carlos me decía ” Mira Cuty una cucaracha“, miraba y el huevo había volado y mi bisabuela me daba una torta “¡Por idiota!” me decía. El pan lo guardaba bajo llave. Aquellos años los recuerdo con cariño y era feliz y como no entendía lo que hacía mi tío Pepe no vi el mal, pero ahora creo que mis otros tíos sabían algo.
Mi bisabuela crio a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos hasta que murió con 104 años, tenía el carácter de la gente que no tiene nada y tiene que luchar y lucha por los suyos. No tengo ninguna foto suya, se me ha olvidado su cara, pero nunca me olvido de cuando me sentaba en el suelo, me ponía vinagre en el pelo y me quitaba los piojos con una lendrera y decía continuamente: “Ay maña cuanto vas a sufrir en la vida!” Así, una y otra vez. Ella era de Segorbe y se sentía maña. Una fuerte y gran mujer.
Cuando tenía cinco o seis años, más bien seis, mi madre me saco de Valencia y más de lo mismo, otras casas, otras gentes, pero veía a mi madre un poco más. Luego nos fuimos a vivir a Madrid. Estuve viviendo con un matrimonio y sus dos hijas en Onésimo Redondo, por Torrijos. El padre era un cielo, las hijas ya mayorcitas y ella una bruja. Yo me hacía pis en la cama, como muchos nenes que se lo hacen a esa edad, ella cogía un periódico y le daba fuego con una cerilla, me lo arrimaba y decía que me quemaba el culo si lo volvía a hacer. Algo de pánico ya me daba.
Unas Navidades vino mi madre para pasar un ratito conmigo, me trajo pasteles y regalos, estaba con un cliente, cuando me dijo que se marchaba, me puse histérica, rompí todo lo que pillaba, daba patadas ... conclusión: termine en el Corral de la Morería con mi madre y el cliente escuchando flamenco; creo que hasta me dieron champan, era Navidad... Del cliente de mi madre no recuerdo nada, un señor más, ni recuerdo si fue simpático o antipático, yo me senté y escuché flamenco, está en blanco en mi memoria.
FOTO DEL CORRAL
Luego ya me fui a vivir con mi madre a la pensión Jacinta que estaba en la plaza Vázquez de Mella, ahora Pedro Zerolo, creo. A la señora Jacinta la recuerdo con mucho cariño. Todas las mujeres que vivían allí se dedicaban a la prostitución y todas superbuenas conmigo. Fue una buena época.
Mi madre tenía un noviete que venía a la pensión y hacían el amor estando yo en la cama con ellos y el muy… (pon tu el adjetivo) me tocaba mientras follaban, yo ni respiraba, pensaba que era yo quien hacía algo malo.
Ya te seguiré contando algunas cosas. Y tú pensando que era una persona frágil; esta jamás se lo conté a nadie, ni a mi hijo con el que tengo una confianza increíble. Solo te diré que es la parte más dulce de mi infancia
Dada la mala alimentación, o cualquier otro motivo, estuve casi un año escayolada pues tenía tuberculosis en la cadera y mi pierna izquierda no crecía. Me trató el doctor Tamames (Padre del político y economista) que debía ser el mejor en España y no le cobro nada a mi madre; no me digas porque, si porque era buena gente o por otra razón. Me madre me dijo que no le cobró y punto.
Estuve en un internado desde que me quitaron la escayola, estaba en la calle Don Pedro. No hago comentarios, fatal, salía los domingos después de la misa de doce y tenía que volver el mismo domingo a las seis de la tarde; era el tiempo que pasaba con mi madre en toda la semana.
FOTO DEL DOCTOR TAMAMES
LA MALVAROSA
Cuando ya estábamos en la pensión Jacinta apareció mi tía Pepa – Mi madre tenía tres hermanos Manolo, Pepe, Pepa y MarÍa que era ella – Mi tía Pepa era cabaretera, cantaba por los clubs y se hacía llamar la Malvarrosa. Tenía un hijo, mi primo Carlos, al cual sigo bastante unida. Según mi tía era hijo de Jordi Pujol. Lo cual me creo pues se parece un montón ¿Y de qué iba ella a conocer a ese señor?
Mi tía había perdido la cabeza, decía que Jacinta estaba envenenando a mi primo con radioactividad y después de comer le lavaba la lengua a mi primo con un estropajo, También se lo llevaba a la calle para pedir dinero. Un día entró, donde trabajaba mi madre, un sitio que se llamaba Abra, delante de Chicote, en la Gran Vía, con una zapatilla en la mano gritando ¡Viva la República! Y así mogollón de cosas.
FOTO DEL ABRA
Por sugerencia de Jacinta mi madre la metió en el psiquiátrico de Lopez Ibor. Jacinta tenía muchas influencias; fue ella la que consiguió que yo entrara en el internado mientras mi primo se quedaba con mi madre. En aquellos tiempos le llegue a coger un asquito increíble a mi primo: el con mi madre y yo interna.
Para colmo cantaba muy bien por Antonio Molina. Mi madre siempre estaba pidiéndole “Soy minero” o “Cocinero, cocinero” ¡Y qué bien lo hacía el cabroncete!
Llegó un momento en que mi madre no pudo con la carga y los montó en un tren para Valencia. Mis tíos metieron a la Malvarrosa en un psiquiátrico en Betera y a mi primo le pusieron a trabajar. Él es un buen ebanista, tiene unos meses menos que yo, lo ha pasado fatal en la vida. Ahora está bien, tuvo dos hijos con una inglesa, se separó y ahora vive con Lola y es feliz, pero está pillao totalmente, vive su vida y en su mundo.
FOTO SIQUIATRICO BETERA
En cuanto a mi tía, estaba loca, pero no era tonta, al final en el psiquiátrico de Betera le dijeron que se podía ir ya, que estaba curada, dijo que no, que se había pasado allí casi toda la vida, que qué iba a hacer con una pensión de mierda en la calle, así que se quedó en el psiquiátrico, eso si salía , hacia vida normal, pero comer cenar, dormir en donde había pasado tantos años, En la carta que te envié, que casi no se puede leer, salía un tal Juan Barral, pues a ese señor si que me lo presento, cuando yo me fui a Palma. Pase por Valencia, fui a verla, siempre he sido familiar, ella pensaba que yo era su hija, en algunas ocasiones, me llevo a verle, le llevo una botella de brandy 103 y le dijo que Bobadilla era porque la llamaban boba, pero también dijo que en la botella estaba el número de registro donde estaba anotado su hijo en Barcelona, en el juzgado, cosas mías, el por qué se volvió loca, mi madre decía que porque se le murió un hijo, otras veces porque le ponían cosas en la bebida, otras que la quisieron volver loca… pero el caso es que la mujer paso parte de su vida en Betera.
Sobre Jacinta, cuando era peque no, pero más tarde, siempre pensé que había sido también prostituta, pero que alguna persona con poderío, le compro la casa, donde monto la pensión, tenía una hija, que también estuvo en el Sagrado Corazón de Jesus en la calle Don Pedro catorce, jamás la vimos, Cuando ella quería verla, desaparecía y estaba con su hija, la mantenía al margen, estoy de acuerdo contigo, que tener una pensión llena de prostitutas y algún que otro chulo, tendría que ser difícil en aquella época, en la que había redadas y estaba súper perseguida la prostitución, así que tendría que tener a alguien poderoso a sus espaldas.
Que a mí me tratase el doctor Tamames, entrar en aquel colegio, que mucho dinero le costó a mi madre, cubertería de plata, sabanas bordadas con mi nombre, camisones bordados etc…Que mi tía ingresara en el Lopez Ibor no fue fruto de la casualidad, allí estuvo la mano de Jacinta sin duda.
Mientras tanto yo haciendo tonterías y llamando la atención, pedía en julio el aguinaldo por las casas; lo curioso es que me daban dinero me compraba chuches. Iba a un club de alterne, hacía salir a la gente, cantaba y me daban dinero, iba con una amiga, sus padres eran porteros. Fue su madre la que se dio cuenta que cojeaba y se lo dijo a la mía.
Como quería estar con mi madre le metía tinta china en todos los zapatos para que no saliese. Todo lo malo que se me ocurría, de paliza en paliza cada día.
Así era mi vida por entonces: seis siete años, internado, Jacinta, las mujeres de la pensión, siempre cariñosas conmigo. Seguro que alguna tenía hijos en el pueblo, vidas difíciles, repudiadas por las familias pero conmigo cariñosas siempre con alguna cosa para Cuty y la nena. No fue una mala época; mucha calle, siempre en la calle pasándolo pipa. Cuando no estaba en el internado solo Jacinta me controlaba. No había tele pero una de las chicas tenía una radio, me dejaba entrar en su habitación y escuchaba al Zorro, canciones y haciendo dedicatorias
Pero aparte de todo eso, en aquellos días, me trataba como a su nena, la que tenía en otro sitio para que no viese todo lo que yo vi, años después fui a verla, fue algo increíble, me reconoció enseguida, ya habían pasado años y lloro, lloro con un sentimiento que jamás olvidare.
Una gran mujer en un mundo que no le correspondía
Estuve interna desde que me quitaron la escayola hasta que nos fuimos a vivir a Alonso Cano, pero antes vivimos en Travesía de Pozas, por San Bernardo, con un chulo que tenía mi madre, una criada, una cocinera y yo interna, de risa. Mi madre conoció a Carlos, el padre de mi hermana Maribel, él era catalán, jugador y figurante de cine, mi madre alquilo una casa y fuimos a vivir a Travesía de Pozas; yo seguía interna pero como es lógico tenía vacaciones y no tenía habitación en la casa, dormía con Celia que se encargaba de la limpieza – también teníamos una cocinera, no cada día, se supone que cocinaba muy bien, no recuerdo sus comidas – El tal Carlos se acostaba con Celia, mi madre les pilló y ella se volvió al pueblo y el siguió viviendo de mi madre. Yo le espiaba y le vi con muchas otras, tenía necesidad de mujeres nuevas en su vida.
Por entonces mi pasión era colarme en los cines y montarme en el Metro, bajar en cualquier estación, pasear y pedir dinero para volver a coger el Metro; un día no sabía donde estaba y tuve que coger un taxi, me llevó a casa y Carlos lo pagó jamás se lo dijo a mi madre. Conmigo era muy amable y simpático, me llevaba a la piscina del Parque Sindical allí conocí a Paco Rabal, Juan Luis Galiana, Carlos Larrañaga…Todos ellos tenían mujeres trabajando para ellos; Carlos Larrañaga tuvo un hijo con una de ellas. Casi todos vivían por la zona de la calle de la Luna.
Un día estando en casa de mi madre, de vacaciones o de domingo, la oí gritar, estaba llorando abrí la habitación de ellos y vi como la pegaba, cogí una escoba y le di varias veces. El se marchó de casa. No sé si el lio fue porque mi madre no le quiso dar dinero, pero creo que fue porque mi madre estaba embarazada de mi hermana Maribel y quería que abortase; es una suposición. Siguieron juntos hasta que un día mi madre quiso quitárselo de encima; con ayuda del sereno y el portero subieron todos los muebles a una casa vacía y solo dejaron sus pertenencias en el piso, cuando volvió las cogió y nada más supimos de él hasta años más tarde que mi madre se enteró que se había casado con una anticuaria catalana, no recuerdo su apellido, entonces yo tenía diez años.
Fue entonces cuando compré un billete de lotería por la calle Torrijos, nos tocó un segundo premio y mi madre compró a plazos la casa de Alonso Cano, entonces 54 ahora creo 66. No sin antes irnos de vacaciones a Alicante, donde me dejaba sola en la playa y ella tomaba el sol desnuda en un balneario, luego me dejaba en una casa y se iba a trabajar por las noches. Mi madre era una apasionada de su trabajo, no tanto de su hija, aunque jamás me trató mal. Crecí sin padre y sin madre.
Te contaré algo, solo un poquito, eso me hará bien. Cuando mi madre y yo nos fuimos a vivir a Alonso Cano, yo tenía 11 años. En agosto nació mi hermana Maribel a la cual yo cuidé durante mucho tiempo siendo una nena todavía. Hasta ahí todo bien. Yo no había vivido con mi madre nunca, solo a trocitos, viví con mi bisabuela en Valencia, tíos y primos los primeros años de mi vida. Fíjate que siendo tan chiquita los recuerdo con mucho cariño, eso me hizo estar muy apegada a mi primo Carlos que estaba en la misma situación: no padre, madre que venía a verle de vez en cuando, como hacía la mía, él es mi hermano de corazón, pero antes de vivir con ellos estaba de casa en casa, gente que me cuidaba a cambio de dinero y más de lo mismo, veía a mi madre poco, pero era muy chiquita y, aunque recuerdo algo, para que contar.
No me arrepiento de nada, he vivido, he luchado, lo sigo haciendo y hasta que llegue el final, orgullosa de ser la persona que soy, con mis equivocaciones, aciertos, el día a día y saliendo adelante, en la vida que me tocó vivir. Me arrepiento solamente de mi lucha contra el alcohol en la que gano en su momento el alcohol, hasta que toque fondo y perdí todo, doy gracias de no haber perdido a mi hijo, mi pareja, ni a mi amiga Olga, que me ayudaron , también a la UCA en Alcoy que me hicieron no flaco favor, también tengo que decirte, que luche, lo conseguí y aunque sigo bebiendo, no más que cualquier otra persona, una cerveza, un vaso de vino, con lo cual te quiero decir que una persona que fue alcohólica, puede beber, siempre que sepa controlar , que el alcohol no la controle a ella, para mí es un tópico eso de quien haya bebido, se toma una copa y ya no para, no es verdad, al menos en mi caso.
Tú me dirás si quieres que te cuente de mi vida, Espero que no cambie la opinión que tienes de mí, que espero sea buena.
Bueno pues ya no sé por dónde me quede, creo que fue, cuando llego a casa, el padre de mis dos hermanos pequeños, todo el mundo le llamaba Don Pedro, pero se quedó con don Pedrito, el nombre se lo puse yo, le sobraba el Don y le faltaba muchísimas cosas.
Era lo peor que he conocido, pues cuando un tío va de chulo, no se esconde y dice lo que es, mal esta, pero es como más legal. Era un estafador, fue buscando a una bobalicona y la encontró en mi madre, llego con dinero, un coche Coccinelle con chofer, camisas con un escudo bordadas, pañuelos bordados con escudo, pues el coche no era suyo, el chofer un señor al cual también había estafado, los pañuelos bordados, se convirtieron en pañuelos con mocos, que por cierto lavaba yo, todavía recuerdo el asco que me producía.
Pues se instaló en casa. En dos meses mi madre vuelta al trabajo, él en casa tranquilito, de bar en bar tomando chiquitos, era vasco, los chiquitos sagrados, invitar a todo el mundo sagrado, con el dinero que mi madre sacaba, en casa unos días se comía cigalas, al otro alubias sin nada, fue estafando a medio barrio, hasta el calefactor de casa, pobrete, luego venían a casa a pedir el dinero a mi madre, durante ese tiempo dejo embarazada a mi madre, yo tenía 14 años, una hermana Maribel de tres, un cabronazo en casa y una madre que tenía que salir a trabajar embarazada de 7 meses. Un día yo dormía con mi hermana, me despierto y le veo masturbándose en la habitación , me senté en la cama, no se la cara que puse, pero se dio media vuelta, se marchó, no le dije nada a mi madre, pues conociéndola, no le hubiese dado importancia, es posible, que me hubiese dicho, que yo le provocaba, le cogí tal asco… le pegue en tres ocasiones, la primera, como yo era bajita, sigo siéndolo, tenía que dar saltos, el medía 2 metros yo 1.57, si es ahora directamente a los huevos, la siguiente le tire una plancha, con el mismo resultado, no le di en la cabeza, pero si en la barriga, sin ningún resultado a mencionar, la tercera no le pegue, pero le tire un plato de sopa calentita por la cabeza, conclusión yo estaba loca y era una rebelde, era tal el asquito que sentía por él, de ver a mi madre con barriga salir a trabajar, el en casa, que me comportaba con el verdaderamente mal, me cogió miedo creo.
En una ocasión en tonto el culo, cogió la escritura de la casa de mi madre y cometió otra estafa, diciendo que estaba casado con mi madre, la casa la ponía como aval, vinieron a casa un notario, otras personas para embargar la casa a mi madre, ella dijo que estaba viviendo allí de pensión, como no estaban casados no pasó nada, él hablaba muy bien y sabia engañar, embaucar a todo el mundo, mi hermano salió a él, los genes son los genes.
Mi madre tuvo otro hijo con él, 20 años menor que yo, ya me toco de refilón
Finalmente, mi madre le echo de casa, vivía en una pensión en Breton de los Herreros, murió solo, en una residencia, aun así, fui a verle, con mis hermanos y mi hijo, me daba mucha tristeza y me da que la gente termine en un lugar así, he trabajado en un geriátrico de los que cuestan un pastón, da igual, no quiero eso para mí, ni para nadie, es muy triste
Durante esa época las pase muy mal, pero todo no se puede contar en tan poco tiempo, iré contando otros momentos
Recuerdo un día con tu hermano, su novia, tú y yo paseando por un parque, tu hermano me pregunto que si leía, yo me sentía tan inferior a todos vosotros, ni estudiaba ni leía, ni tenía un referente para absolutamente aprender nada, una familia, que no era tal, yo cuidando de mis hermanos, apenas pude estudiar y a los catorce años a trabajar …
De tu hermano recuerdo poco, pero si de un día que estando en la cafetería de Ríos Rosas donde solíamos parar, estaba muy enfadado pues tu padre le había llamado “harto sopas”
-se trataba de la frase “Ya está bien de comer la sopa boba”- y él le había contestado que respetaba su opinión pero que no la compartía. Esa frase la he utilizado yo muchas veces cuando quería zanjar una opinión.
Espero que tu hermano esté bien, me imponía mucho respeto, le veía muy inteligente, muy mayor y no sabía dirigirme a el
Con la panda de Alonso Cano tuve buenos momentos, tengo agradables recuerdos. Me encantaba estar en casa de Huetos, no sabía cómo su madre podía aguantar todo aquello, había niños, bueno adolescentes, por todos sitios. A su padre se le veía poco.
A los 19 o 20 años, loca del todo, yo seguía trabajando, pero un día conocí a gente que hubiera sido mejor no conocer. Yo siempre había vivido una vida diferente a mucha gente, nadie me decía que tuviese que estudiar, por el contrario, si algún día lo hacía, rápidamente tenía que hacer cosas en casa y que si “estudiar no servía para nada” y mil cosas más. Nunca vi un libro en casa y los primeros los llevé yo. Imagina que libros, romances… bueno llevé uno de Jean Paul Sartre, La Nausea ¡joder no me enteré de nada! No lo pude leer entero; otro de su mujer Simone de Beauvoir “Todos los hombres son mortales” Yo no estaba preparada para leer esa literatura, ni nadie me decía que tenía que leer. Comencé a leer historias de amor y odio, pero al menos algo leía. No tenía ninguna base de nada, era algo más que ignorante.
Comencé a salir con gente de discotecas, mi mundo: bailar, beber… y así cada día. Conocí a mucha gente, entre ellos a mi novio, se llamaba Manolo, pero se hacía llamar Juan y todos le llamaban “el Vespino”. Fue con él con quien hice el amor por primera vez, no me gustó, no me enteré. Luego resultó que era homosexual, salía conmigo pues yo era la primera mujer por la cual se sentía atraído y quería ser normal, según el criterio de algunos. Entonces la homosexualidad era penalizada como peligrosidad social.
Conocí a una chica que se llamaba Blanca, me llevó a una cafetería donde un señor muy mayor, pero muy mayor, nos daba dinero por estar allí con él y tomar algo. Les tenía alquilado un piso a ella y a otra chica, más tarde me alquilo a mí otro. Jamás nos puso la mano encima a ninguna de nosotras. Un caso extraño de personaje, si hubiese sido de otra manera te lo diría, cosas peores te contaré.
Bueno pues así era el día a día, Coca Cola con Matías Jiménez y las chicas - siempre nos daba dinero – discotecas, nada de estudiar, salir y bailar, ir al Corte Inglés a robar ropa, a Serrano también, en tiendas de lujo. Entonces era fácil y yo llevaba ropa super chula ¿Trabajar, para qué? El mundo era pura fiesta.
Un día cuando salimos de la cafetería cada una a sus diversiones, se me ponen dos señores cada uno a un lado de mí, me sacan una placa de policía y a la Dirección General de Seguridad. Me empiezan a sacar fotos de gente que conocía y me decían: ¿Las conoces? Yo decía que si pues es Carlos, el fotógrafo, pue es fulanito, menganito … A los calabozos que se fue la Pepa. No sé si fueron dos o tres días, me sacaban, me llevaban a una oficina, me volvía a bajar. Yo no sabía si era de noche o de día; no comía nada solo uno de los guardias me traía galletas. No lo pasé bien, conocía la D.G.S. por las veces que tuve que sacar a mi madre de allí cuando hacían redadas. Pagabas 5000 pesetas y afuera. Entonces era una pasta, me la daban algunas amigas suyas para sacarla.
Bueno me dejan salir, pero al poco tiempo me llevan delante de un juez llamado o apellidado Carnicero. Me pregunta que si soy virgen le dije que no. No te he dicho que muchas de mis amigas fumaban porros o traficaban, no tengo ni idea; seguramente solo fumaban. Pero en aquella época era suficiente Yo ni fumaba, ni mucho menos traficaba.
Después de mi entrevista con el juez me llevan a un colegio de monjas y me encuentro con Blanca y su hermana Carmen. Allí estuvimos poco tiempo, más tarde a Canillejas. Materialmente se me comieron los chinches, mi cara era totalmente una costra. La primera noche le dije a una monja que al abrir la cama había bichos, cerró la puerta con llave, estuve toda una noche sin dormir. La siguiente me metí en la cama, tenía que dormir. Imagina sentada en una silla me subían las chinches por las piernas, cuando me levante era un monstruo, llena de picaduras, cara, cuerpo… pero esa noche dormí. De allí a San Fernando de Henares, un reformatorio. Estaba acusada de peligrosidad social.
FOTO DEL REFORMATORIO
En san Fernando ocho horas cosiendo a máquina, fregando pasillos interminables de rodillas, tratadas como una escoria, peor, creo. Por las noches nos hacían hacer “chinitos”, las cajitas donde venía el “Flan chino, el Mandarín” a cambio de muchas cajas nos daban un cigarro; pero era el rato que podías hablar con las chicas.
Desde el primer momento fui de dura, pero con tiento, de otra forma te mandaban al “Chiscón”, una habitación sin colchón, sin nada, con un orinal para tus necesidades: te podían tener hasta cuatro días, sin contacto con nadie, encerrada.
A los dos días a una gilipollas le rompí una silla en la cabeza, no estaban las monjas, chivarse no estaba bien visto, las demás supieron en ese momento que poquitas tonterías conmigo. Un día me robaron un desodorante -las pequeñas cosas que encerrada se hacen muy grandes; me dejé caer bien, amenacé. Al día siguiente el desodorante apareció.
No sé cómo es la cárcel, creo que debe ser mejor que lo que yo pasé allí, Ayudé a escapar a dos chicas, yo no me quise escapar, la mayoría de edad era a los 21, yo tenía 20. Finalmente mi madre rogó, imploró, se acostó con quien tuviese que hacerlo y yo salí antes de los 21.
No sé lo que pondrían en la comida, pero me inflé, no era gordura, estaba hinchada; después de salir me desinflé.
Ya sabes tenías una amiga que era un verdadero peligro para la sociedad, solo por bailar, bailar y bailar como la flaca. Me adapto a todo y hasta aquello me adapté y mira que vi cosas extrañas. Llevaban a algunas chicas al siquiátrico porque decían que eran lesbianas. Había una chavala que me caía muy bien, pues viendo aquello pensé que era mejor que ni hablásemos. Y mientras la monja directora liada con una de nosotras
Veamos, lo dejamos cuando estaba en el reformatorio o talego, es la mismo. Mi madre se portó muy bien conmigo, me visitaba y me traía comida: fruta, galletas etc. que yo repartía con algunas zagalas. Ya te he dicho que nos hacían trabajar ocho horas, cosiendo a máquina pedidos que tenían, limpiar hasta caer rendidas; yo me hacía la dura y las chavalas me respetaban, no quedaba otra, si no te comían. Había de todo y no todo bueno, algunas eran horribles, No podías hablar con casi nadie, pues rápidamente las monjas decían que eras lesbiana y te mandaban a un siquiátrico, varios casos vi.
En algún momento empecé a tener un trato especial, me encargaba de repartir la medicación, Allí había bebida, me tomaba un poquito cada vez que iba, creo que me acabé más de una botella.
Había una monja, sor Mercedes, que me agarraba del brazo y restregaba su mano con mi pecho. Este clero está muy mal deberían dejarles casarse. Me llevaba bien con todo el mundo o casi; comíamos fatal, mi manjar preferido era el pan que siempre robaba cuando tenía ocasión.
El día que me dijeron que podía salir, que mi madre estaba esperándome fuera, fue la primera vez que lloré allí, Cogí i todas mis pertenecías y las repartí por las habitaciones de mis compañeras, a las que no visitaban jamás, casi todas éramos escoria, un peligro social. Me fui sin nada, sabía bien el valor de una pasta de dientes, del desodorante, de la ropa, les dejé todas mis bragas, una vez lavadas, tenían su uso…
Tengo que decirte que, durante mi ingreso, por la situación se me cortó la menstruación, se lo dije a una monja. Vino un médico, me examinó, se recreó con mis pechos, me tocó todo lo que había que tocar: no estaba embarazada. Un día entró un pajarraco en mi habitación -yo tenía preferencia, me cambiaron a una habitación con ventanas- bueno por el susto del bicho me bajó la regla.
Cuando salí de allí era una desconocida, toda inflada ¿qué pondrían en la comida? A los quince días volví a ser la misma, delgadita casi como entré.
Mi hermana Maribel hizo la comunión estando yo allí, no soy creyente, pero me hubiera gustado estar tanto con ella, que lloré todo lo que tenía escondido. Mi madre la trajo para que la viese, toda guapa. Yo quería morir ese día.
FOTO DE MARIBEL DE PRIMERA COMUNIÓN
Como muchas otras quise morir, algún intento tuve, más de uno, pero cuando uno debe seguir viviendo continua. Cosas fuertes tomé, pero debo ser una mula para asimilar mi cuerpo todo aquello.
Volví a casa de mi madre, la pobre lo pasó fatal conmigo; hasta tuvo un sarpullido por todo el cuerpo. Las cosas seguían igual o peor: mi madre trabajando, cuatro hijos, una de 20 a punto de cumplir los 21, otra de 6, otra de 3 y un bebé y don Pedrito tocándose los huevos.
Venía una señora todas las semanas para ver mi comportamiento, yo ni trabajaba, ni estudiaba, nadad de nada. Seguía saliendo, pasándolo bien. .No tenía referencias para ser de otra manera. Un día la mandé a la mierda, conseguí dinero de mi novio y me fui a Palma de Mallorca, pasando por Valencia que es cuando vi a mis primos.
Una vez en Palma no conocía a nadie, me fui a un hotel tipo pensión, me puse a buscar un curro y terminé en Barbarella, por Gomila, de gogó. Que me pagasen por bailar era un lujazo y dada de alta en la Seguridad Social. Allí conocí a Víctor Manuel, a gente del espectáculo que empezaba. Lo pasé genial, bailar, beber… una falsa libertad; me acostaba con quien me apetecía. Una gilipollas integral, eso es lo que era.
FOTO BARBARELLA
Un día caí enferma, vino un médico al hotel, me llevaron a Son Dureta y si te digo la vedad no sé lo que tenía, seguro que algo me pego alguno de los chicos. Estuve ingresada bastantes días. Vino una amiga mía de Madrid, ella empezó a trabajar en Barbaerella también, creo que de casó con uno de los camareros, una tía maja, ni su apellido sé y eso que compartimos habitación durante un tiempo. Su novio en Madrid la pegaba; un día me mentí por medio y me llevé la leche yo.
Cuando volví de Palma, me fui a casa de mi madre, las cosas seguían igual, yo a mi bola, me puse a trabajar en una barra americana llamada Baronet, no muy lejos de sol, era una plaza, pero no recuerdo el nombre, en Palma me pagaban por bailar, aquí por beber, no tenía que hacer nada más, solo sacar copas a los clientes, si quería hacer otra cosa habían reservados, no los utilice.
BARONET ¿
Un día entro un tailandés, con varios guardaespaldas, empezó a hablar conmigo o no hablar, pues yo no entendía nada, hablaba en Ingles, yo ni idea, al parecer, me vio por la calle y me siguió, se gastó bastante dinero y se fue, mi sorpresa fue, que un día por Alonso Cano, estaba él, con su sequito o lo que fuese, estaba claro que me había seguido alguien, yo me escondí en un ultramarinos, llamado Guerreros, al día siguiente volvió, el caso es que había uno que hablaba español , me ofreció mucho dinero y nos fuimos a Londres, allí me llevo al hotel Churchill, yo con la boca abierta, jamás vi un hotel así, ni lo volveré a ver, se fue a hacer lo que fuese que tuviese que hacer, me di un baño, me escurría de lo grande que era la bañera, Cuando vino yo estaba lista y nos fuimos a cenar a un Tailandés, me hicieron quitarme zapatos, sentados en el suelo yo y como diez tailandeses más, bailarinas vestidas con ropa preciosa, como en su país, bailando mientras cenábamos, yo entonces no sabía utilizar palillos, así que me trajeron un tenedor, esa noche me acosté con él, no besaba, pero me olía mucho, parecía un perro, bueno pues lo hice.
HOTEL CHURCHIL
No te dije que mi madre me acompaño, al aeropuerto y le dijo al tailandés que se llamaba Mana Rapidapan o algo parecido, que me cuidase, el tal Mana le dio a mi madre un sobre con dinero, claro ella se quedó más tranquilita.
Al día siguiente me llevo a casa de otros tailandeses, con la familia de ellos, hijos, , no se mucha gente, allí cenamos, a los dos días o tres, no recuerdo, nos fuimos a Roma, aquello ya fue diferente, salimos a cenar con un amigo y su amiga, la alegría de Italia, era diferente a Londres, él se iba a hacer sus cosas y yo me perdía por Roma, un día fui a la bendición del Papa, para distraerme un ratito y ver la Capilla Sixtina, las obras de Miguel Ángel, todo lo que pudiese ver, por el camino, se paró un coche, del coche salió, no un romano, el romano más guapo que se pueda ver, moreno, ojos verdes, pelo ondulado, se llamaba o sigue llamándose Raúl Torresi, me llevo a comer, me monstro la verdadera Roma, yo solo había visto las Catacumbas de Santa Cecilia con Mana, me llevo a un lugar desde donde se veía toda Roma iluminada, compro un pollo asado, una botella de vino, que nos comimos en el coche y todo lo que sigue, Cuando volví al hotel Mana muy contento no estaba, pero no dijo nada, al día siguiente tenia, un billete de avión en la mesa, dinero y el hotel pagado, pero me tuve que ir, me acompaño Raúl al aeropuerto, me regalo un pequeño corazón de oro, una nota que decía, para mi amor que se llama Felicidad, es el nombre que yo le había dado, una cursilada, su dirección y la promesa de que le enviase una foto y que estuviésemos en contacto, yo le envié un poster que me hice en El Corte Ingles cuando volví de Roma a Madrid.
Todo lo que te digo es verdad, no tengo porque mentir, quieres saber de mí, pues, continuare….
Cuando llegue a Alicante, con mi maleta, me fui a tomar algo, estaba hambrienta, lo primero, me puse a buscar un piso de alquiler, lo encontré en un plis plas, en la calle Gerona, era un ático y una mierda de piso, pero allí me quede, durante tres meses, me puse rápidamente a buscar un curro, vamos una barra americana, por la noche ya estaba trabajando en Papillon, en la calle San Fernando, todo rápido, como era novedad, pues muchos hombres me invitaban a copas, hice, algunas amigas, casi todas Vivian en la Albufereta, en la playa de San Juan, donde a los tres meses me fui a vivir allí, en un apartamento pequeño, con piscina y a pie de playa, también me puse a trabajar en otra barra, que estaba cerca de casa, vivía en la Albufereta, al lado del apartamento vivía una amiga, Elsa, Peruana, nos hicimos muy amigas, también con otra llamada Cecilia, pero se hacía llamar Sexi, era Catalana y bastante mayor que nosotras, buena gente, muy simpática, con ella iba al cine, a cenar, lo pasaba bien con ella, Elsa tenía novio, era más difícil estar con ella, pero íbamos mucho a la playa juntas, vivíamos al lado, comíamos, pasábamos mucho tiempo juntas, en el noveno piso vivía un matrimonio con cuatro hijos, nos hicimos íntimos, Jero y Ana, ella una santa, él alcohólico y un golfo, ella aguantaba.
ALBUFERETA, PLAYA DE SANT JOAN
Conocí a mucha gente y lo pasaba bien, aunque me acostaba tarde, siempre fui de madrugar, así que disfrutaba de la noche y del día, luego una pequeña siesta y chimpum
Conocí a un tal Pepe , diseñaba zapatos era de Elda, medio me enamorisque, no había nada que hacer estaba casado, jamás me reí tanto con alguien como con él, entonces para mí la vida era solo diversión, un día le dije que estaba embarazada, era mentira, me dio dinero y me fui a Londres yo solita, me fundí el dinero en ropa, andaba muchísimo, Cuando ya no podía más me metía en un cine para descansar, no hablaba nada de Ingles, pero me manejaba bien por esos lares, no lo comprendo, me pierdo en el cuarto de baño, pues me metía en el metro y como si hubiese vivido allí toda la vida.
Cuando volví a Alicante, a los quince días me di cuenta de que sí, estaba embarazada, se lo dije a Pepe, me dijo “Leches nos va a salir más barato tener un hijo” La primera vez mentí, así que eso les pasa a las chicas malas. Una amiga, Isabel, me dio la dirección de un médico en Madrid para abortar y así lo hice, en una cocina, con un montón de nenes en el salón gritando, un señor que no sabía si era médico, pusieron un cubo que sujetaba una señora, me tendieron en la mesa de la cocina, me dijeron que no gritase, pues de otra forma vendría la policía y no grité Cuando salí de allí me dijeron que andase, anduve un rato y me metí con mucho dolor en un cine. En el hotel me esperaba Pepe y nos fuimos a cenar y a tomar algo; el que viniese fue una sorpresa. No estaba preparada para ser madre, no es una disculpa, me pareció lo más lógico.
Continué trabajando en la barra americana, la relación con Pepe se enfrió. Yo comencé a guardar dinero, hice un paréntesis y trabajé para “Helena Rubistein” de esteticien, me pagaban una mierda iy tenía que viajar por toda la Comunidad Valenciana, la minuta para comer y dormir una miseria, me gustaba, realmente solo era vendedora de sus productos, no ejercía de esteticien, tampoco sabía, todo un timo. Conclusión, volví a la barra americana. Allí hubo un pirado que todos los días pagaba dos o tres botellas de champan para llevarme a cenar porque yo de acostarme nada de nada, era hijo del dueño del Hércules y de medio Alicante.
Un día una amiga llamada Yolanda me invitó a comer un cocido, pues fue allí donde conocí al padre de mi hijo, se llamaba Fernando, murió hace dos años, comenzamos a salir y yo dejé de trabajar. El era camarero en un restaurante de la playa de San Juan y ganaba una mierda. Yo me había comprado un piso por la Albufereta pero tenía que pagar las letras, se quitó los calzoncillos y me quedé embarazada, ël bebía mucho, todos los días volvía bebido del curro, yo comencé a engordar y a no pagar las letras pues no había dinero y me tocó poner el piso en venta, lo vendí rápido y mal, nos fuimos a vivir a su casa y un día que volvió del trabajo me pegó, cogí mi coche y me fui para Madrid. Para no gastar el dinero, compré otra casa en construcción, más económica.
Cuando llegué a Madrid fui a casa de mi madre, ella me dijo que tenía que ganarme la vida y al día siguiente me llevó a San Pancracio, un sitio de putas, para que me la ganase, embarazada, allí estábamos madre e hija. Me senté en una silla y no me moví, me dijo que era un mal ejemplo para mis hermanas y que me fuese. Volví a Alicante, mi casa ya estaba terminada y nos fuimos a vivir allí. El vendió la suya para montar un negocio, un bar al que llamó Andrea, el nombre que quería que le pusiera a mi hijo, pero nació el día de San Fernando y el padre se llamaba Fernando así que Fernando.
No sabía que hacer en Alicante, estaba perdida, llena de miedo, cada vez que cogía a mi hijo en brazos me hacía pis, no tenía ni idea de cómo cuidar, ni tratar a mi nene, eso que cuidé de mis hermanos, pero para mi era diferente, era una gran responsabilidad. No lo pasé muy bien.
CONTINUARÁ
No hay comentarios:
Publicar un comentario